Curiosidad y ciencia

La leyenda del ajedrez y los granos de trigo

Nos cuenta la leyenda que hace mucho tiempo existió un rey en un lugar muy lejano en la India, el rey Sheram.

En una de sus mútiples batallas perdió a su hijo y a partir de ese momento su existencia se vino abajo y perdió la ilusión de vivir.

Pasado un tiempo apareció en la corte un viajero, su nombre Sissa. El rey aceptó recibirlo en audiencia gracias a sus consejeros; quienes le habían recomendado que sería bueno para su ánimo y como consecuencia para su salud.

Sissa le presentó un juego con el que le aseguró se divertiría en gran medida. Se trataba de un juego nuevo.

Se trataba del ajedrez. Sissa empezó a explicarle las reglas; y el rey bastante sorprendido, empezó a maravillarse de lo bien que se lo estaba pasando jugando y jugando … Por lo que como agradecimiento el rey le dijo:

– Sissa, quiero recompensarte dignamente por el ingenioso juego que me has traído  —. Soy lo bastante rico y poderoso como poder cumplir con cualquier deseo que tengas. Di lo que quieres y te lo concederé.

El extranjero le pidió al rey un pequeño plazo para meditar su respuesta .

A la mañana siguiente se presentó ante el rey y le hizo su petición:

– Soberano —dijo Sissa—, para continuar con el ajedrez, sólo te pido que ordenes que me entreguen 1 grano de trigo por la primera casilla del tablero, 2 granos por la segunda, 4 por la tercera, 8 por la cuarta y así sucesivamente.
– ¿Tan sólo eso ? —contestó sorprendido  el rey.
– Sí, soberano. Doblar la cantidad del recuadro anterior hasta llegar al último. —le volvió a aclarar el sabio- .  No se hable más, recibirás el trigo correspondiente a las 64 casillas del tablero de acuerdo con tu deseo.

Pero has de saber que tu deseo es indigno de mi generosidad. Al pedirme tan mísera recompensa, menosprecias, irreverente, mi benevolencia. En verdad que, como sabio que eres, deberías haber dado mayor prueba de respeto ante la bondad de tu soberano. Retírate. Mis servidores te sacarán un saco con el trigo que solicitas.
Sissa sonrió, abandonó la sala y quedó esperando a la puerta del palacio.

Al cabo de unas horas, piden la atención del rey

– Soberano, están cumpliendo tu orden —fue la respuesta—. Los matemáticos de la corte están calculando el número de granos que le corresponde. El rey estaba un poco contrariado y  lo dejó pasar. …Pero al cuando cayó el sol, invadido por la curiosidad volvió a interesarse; y preguntó si ya había abandonado el sabio la corte.
– Soberano —le contestaron—, tus matemáticos trabajan sin descanso y esperan terminar los cálculos al amanecer.
– ¿Por qué va tan despacio este asunto? —gritó iracundo el rey—. Que mañana, antes de que me despierte, hayan entregado a Sissa hasta el último grano de trigo

Por la mañana comunicaron al rey que el matemático mayor de la corte solicitaba audiencia para presentarle un informe muy importante.
El rey mandó que le hicieran entrar.
– Hemos calculado escrupulosamente la cantidad total de granos que había ordenado entregar. El resultado es una cifra tan enorme que…
– Sea cual fuere su magnitud —le interrumpió con altivez el rey— mis graneros no empobrecerán. He prometido darle esa recompensa, y por lo tanto, hay que entregársela.
– Soberano la cantidad de trigo de la que hablamos no existe ni en los graneros de la corte ni en los de todo el reino. Hasta los graneros del mundo entero son insuficientes. Ni desecando todos los mares y océanos de la tierra para plantarlos de trigo y luego recoger la cosecha, serían suficientes para poder cumplir tu orden.

El rey escuchaba lleno de asombro las palabras del anciano sabio.
– Dime cuál es esa cifra tan increíblemente monstruosa —dijo estupefacto.
– ¡Oh, soberano! Dieciocho trillones       cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones                      setenta y tres mil setecientos nueve millones quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince:

18   446.744  2  073.709  1  551.615

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